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Al paso volador de las perdices

Es natural que la anunciación de un nacimiento se celebre bajo el signo feliz de la esperanza, que es el ansia de que todo, incluso la adversidad inherente, se suceda y culmine en armonía con la ilusión que fundamentó el punto de partida.Es así la razón que nos convoca al alba, de este paso volador:el júbilo, -a veces la tristeza-, no obstante la precariedad de la palabra.La materialización poética sucede a partir de un instinto de catarsis, frente al obstáculo del tamiz lexical.Este impulsode vida llega asociado al estigma virtual de la palabra, fiera herramienta de preciso conocimiento y arriesgada doma:es el convencimiento o canon poético con que el último y primer romántico inaugura sus Rimas, ...con palabras que fuesen a un tiempo, suspiros y risas,

colores y notas. Anuncia ya su renovada brisa el simbolismo, y aún así, nuestro inefable poeta hace suyala queja ante la infidelidad de la palabra: todo un desencanto, que aspirará a dulcificarse en el ensueño, vuelo interior de su asumida noche oscura.Así mismo, el tiempo constituye la segunda adversidad.En el concepto de lo temporal, la evolución de la materia equivale a un elemento contaminador del alma, al extremo de afectar incluso al sujeto poético.No habrá razón suficiente de pureza, que dé opción a renacernos en la genuina realidad de aquel instante creativo o misterio o poema en su aurora inaugural; incluso aunque la teoría inexistencial del tiempo fuese aceptada como realidad...¿Existe el tiempo?...Cada paso en la indescriptible, (por humilde y grandiosa), evolución de la existencia, -átomos, universo-, implica la emisión y recepción consustanciales al ánima en sí de la materia; y todo, al unívoco gesto de una luz nueva para una renovada claridad: Prologamos lo que ya no es, salvo que ahora se dé opción a otro suceso... Y sucede que, al paso volador, aunque sin consistencia explícita, se nos implica en un instinto de esperanza o ansia de perdurabilidad equivalente a la ilusión, como fundamento de la vida, sin opción a otro secreto para vencer la oscuridad:Todo diferente; pero igual.Razón de la sinrazón o, por convencionalismo, todo tan íntegro y, acaso necesario, como la vacilante luz que nos alienta en la aventura... o el céfiro que de armonía nos sorprende en Al paso volador de las perdices....El tiempo es, cuando menos, un enigma sin principio ni fin y, en consecuencia, misterio con capacidad de origen para el asombro, para el desconcierto, para la más bella sorpresa.El poeta, en su atalaya, asume el sortilegio deparador -a pesar de las edades- de experiencias semejantes, de vivencias renovadas, frente al encantamiento o la revelación: -Yo soy al-Mu´tamid por la tristeza, porque contemplo el paso milenario de las aves con la misma añoranza de ser libre... y acaso todos ellos, y no diste mi tiempo de su tiempo-, es la proclama de Reinaldo Jiménez ante el devenir de la palabra, en la recreación de voces frente al aroma del espejo, sobre el que glisa el alma, porque ellas son, al fin, las de los elegidos (al-Mu´tamid, al-Sarif, Ibn Swhad, Ibn Hazm...) quienes hablarán de las cosas -a pesar de los siglos- no lejanas. ...El dolor, y la ilusión, y la herida, y la respiración a su través, como liberación: Reinaldo nos llega convencido de que en materia creativa, nada obedece a la accidentalidad, sino a la armonía entre el espacio interior o del espíritu y el exterior o del conocimiento: dos parámetros esenciales en el suceso poético, al que tan acertadamente define Leopoldo de Luis, como el trance necesario de “respirar por la herida”.
...A la luz de El Cerval, -entre la Alpujarra y la Axarquía-, amanece este poeta granadino.Frente a su frágil levedad resulta inevitable ya la evocación sufí: claridad sonreída al contraluz de su consustancial humanidad.Cuando niño, aún alumno de su escuela rural, ya obra el primer milagro, al evitar que el abandono y la ruina dieran al traste con la modesta biblioteca del lugar.Llegaría así a sus manos Antología de la Lírica Andalusí, Ajimez.A aquella lectura memorable seguirían otras en progresión de vuelo hacia la altura, hasta el latido que, en el dulce fanal de al-Mu´tamid, opera -dije- la revelación: Lloraba el rey al paso volador de las perdices y les deseaba que no sufrieran tanto como él; y cantaba a su suerte de libertad...En acto de meditación profunda, Reinaldo hace suya aquella queja, aquel llanto, seguro de que él también había llorado por la misma causa, que motivara a al-Mu´tamid.

***

Muchos fueron y son los arabistas, que vienen dedicando su sensibilidad y su conocimiento al servicio de la lírica arábigoandaluza, M. Asín Palacios, Massignon, Seco de Lucena, Amelina Ramón, R. Dozi...Singularmente destaca, entre los citados y los omitidos, la sabiduría y exquisita delicadeza del maestro Emilio García Gómez.de él tuve la suerte de encontrar, -Feria del libro viejo-, un ejemplar, 1ª edición de su antología Poemas Arábigoandaluces, Plutarco, Madrid, 1930.Nadie mejor que E. García Gómez ha sabido sintetizar en su incomparable prólogo a los Poemas arábigoandaluces lo que es la poesía árabe y las características que la distinguen en sus distintas etapas, -sería, luego, la opinión certera de Soledad Gibert-.De aquel incomparable prólogo extraigo la siguiente glosa parcial y fragmentaria, que, en su intención sinóptica, acaso pudiera convenir:

  • ...Permanecen los árabes ignorados, como escondidos en un rincón oculto del planeta.Eran finos y veloces como flechas... Mahoma, certero Sagitario supo dispararlos por el orbe.

  • ...Los musulmanes llaman a la época anteislámica Chailía, “tiempos de ignorancia”.Efectivamente nada había perfecto en ellos salvo dos cosas: La poesía y el amor.

  • Albufárach de Ispahan afirma: El inmenso mar -todo blanca espuma- del desierto, sembrado de tiendas remendadas, pespunteando por hileras de camellos, emborronado de oasis y de palmeras, es un maravilloso universo de auténtica poesía.Y ya en aquellos tiempos Antara preguntaba:

¿Han dejado los poetas algo por remendar?

Sólo esta perfección inicial puede explicar la posterior evolución de la poesía arábiga.El rígido molde de la casida permanece intangible desde entonces hasta el presente.Los poetas musulmanes no lograron alterar sino el fondo, intentando darle novedad a fuerza de destilarlo en retóricos alambiques hasta llegar a constituir esos deliciosos arabescos literarios, verdaderas Alhambras verbales, que son, por ejemplo, los poemas andaluces.

¿Qué dio Al-Andalus al Islam?... ¿Qué dio el Islam al Al-Andalus? En poesía la respuesta es fácil. España dio al Islam su lírica propia...: la de los zejeles y moaxahas ...Y el Islam dio a España la lírica clásica, la casida del desierto.Cuando Abderrahmán I, al venir de Siria, cantaba a la palmera que plantó en Córdoba:

¡Oh palma! Tú eres, como yo, extranjera

en Occidente, alejada de tu lugar de origen.

no sólo eran extranjeros el príncipe y la palmera, sino también la poesía en que la cantaba.

  • ...La lírica arábigoandaluza no logra su plena sazón, su mediodía estético, hasta el siglo X, coincidiendo con la proclamación del Califato.La sagaz política omeya había triunfado de todas las crisis...Las aportaciones de Persia y Bizancio se habían fundido en la vieja solera andaluza...En Córdoba se hablaba árabe y romance, sonaban las campanas y las voces de los almuédanos.La convivencia de todas las razas y de todas las religiones habían creado una atmósfera diáfana, exquisita...El poder asimilador de Córdoba lo aceptaba todo; pero todo lo transformaba depurándolo... Los verdaderos reyes de España eran los señores de Córdoba:Abderrahmán, Alháquem, Almanzor...

  • ...Pero Córdoba –mestiza del Oriente y del Occidente- estaba en equilibrio inestable.Su imperio, al derrumbarse, se fragmenta.Sobre sus ruinas se alzan los reyezuelos taifas.Se pierde la brújula política y lo que es más grave, el ideal español...Si Córdoba occidentaliza el Oriente, los reyes de Taifas orientalizan de nuevo el extraño occidente cordobés...La España cristiana despierta, tiende su mano a Europa: es la época de Mio Cid. Al otro lado del Estrecho, losafricanos se organizan en su desierto y crean un imperio.Entre uno y otro fuego, los reyezuelos, débiles y fastuosos, apenas gobiernan en sus ciudades, especie de repúblicas italianas con turbante...

  • Época de festines y crímenes, de pasiones y de caprichos, de puñal y de veneno.Gran época, por tanto, de poesía. “Los poetas –dice el Xecundi- se balancean entre los reyes como los céfiros en los jardines y entran a saco en sus tesoros con la vehemencia de Albarrad”...Badajoz, Almería, Málaga, Granada, reúnen espléndidas tertulias literarias.De cada una de ellas pudiera hacerse una antología.La noble Córdoba languidece...Y sobre todas las ciudades de España se levanta Sevilla, donde viven Al-Mu´tamid y Romaiquía, Abenzaidín y Abenamar...Se vive el momento delicioso... El “carpe diem” es el tema más frecuente en la lírica de estos tiempos...Entre tanto, el peligro se avecina.La tromba de los hijos del desierto se precipita sobre España, con los ojos velados, quizá para celar el pudor de su barbarie...

***

...Aquí el origen de la recreación, de cómo, en inspiración evocadora, al Mu´tamid, al pálpito de su ala renovada, se reencarna en aurora –dulce queja- de Al paso volador de las perdices.Reinaldo Jiménez se esmera hasta el desvelo en su propuesta cuasi mística, donde se hace caricia la exigencia ante la medida, el encabalgamiento, las perceptibles reiteraciones de sonidos o aliteraciones en ilusión de ritmo y melodía...Y así, hasta conferir al poemario en su intención última, una provocación a la reflexión sobre el paso del tiempo y de la sabiduría que decanta la historia en aproximación íntima, y por lo tanto, historia entendida desde las vivencias propias de aquellos que las protagonizaron:

Al paso volador de las perdices

al-Mu´tamid lloraba hace diez siglos

-cito del poema que abre el libro-

Ojalá no probéis

la triste lejanía de los vuestros,

ni el corazón tengáis tan apenado,

ni los ojos llorosos por vuestros hijos idos,

No acabéis como yo.

........

Sólo describo –dijo- la humanidad de siempre.

Yo soy al-Mu´tamid.

Proteja siempre Dios a las perdices.

La evidente belleza de este poema autobiográfico, de tono elegíaco y que esplende humanidad en cada uno de los versos, fundamenta ya una obligada razón a la esperanza.Todo un encaje de armonía.Endecasílabos exactos, umbríos por la pena, y que en preponderancia heroica, se dejarán tejer por la ágil sutileza de versos menores, capaces de incluir en su urdimbre alejandrinos en vuelo hacia la mirada evocadora, hacia la humanidad de siempre, hasta descender –último verso- en decreciente luz o ritmo de trocáicas laderas.Fluctúa el tiempo, a veces, en su teoría de tiempo inexcusable para Ibn-Hazm:

Nada más necesito,

pues sé que compartimos

un tiempo ineludible

o de tiempoinexistente, descartada su magnitud convencional ante la eternidad que, inevitablemente, hemos de compartir como un hermoso atardecer de otoño,

Nada puede estar lejos.

Aquí, bajo estos arcos

y este sol de noviembre

y esta efímera gloria

de una larga jornada,

veo en todo mi origen

y en todo mi retorno.

Acaso sea posible que la ausencia, ya en las postrimerías del poema, quede suplida por el pálpito vital del alma en la materia.

Sucesivos serán los personajes, y con ellos, la espera de la llegada del amado frente al mar;las rosas y azucenas contra el turbio desván de la memoria; o la respuesta epistolar de Al-Abbadilla a los versos de su amante-amado, al-Mu´tamid:Duerme mientras quien muere por su amor, pasa la noche en vela.

Como veremos, entre la diversidad temática de Al pasovolador de las perdices, la evocación, el ditirambo, el tiempo, la elegía, son habituales contenidos.El poeta, no obstante, muestra su preferencia por el tema amoroso en su acepción platónica o en la de ambigua castidad, no excluida la de norte erótico.Así mismo, seguro de manejar una lengua pródiga en recursos, y del riesgo que implica su manejo como materia de arte, el autor hace gala cautelosa de un lenguaje selecto para su discurso, conducido siempre al margen de retoricismos vanos:el fruto de la difícil sencillez consiste en establecer el equilibrio entre el fondo y la forma, entre la sinceridad y la lozanía, entre la belleza y la sonoridad.Consciente de la esencialidad del marco de su obra, -el pueblo árabe siempre fue gran creador de imágenes-, Reinaldo Jiménez da rienda mesurada a la metáfora:

En el jardín los contertulios eran

un rumor de crepúsculos ahora...

(Al-Sarif)

...me miró con amor

y sujardín brilló bajo la lluvia...

(Ibn-Jafaya)

...Has de encender el fuego y una lluvia

de sedas desordene

la firmeza final de tu mirada...

(Nazhum B. Al-Qala´i)

Son versos que testimonian una espléndida muestra creativa, celeste entrega de Reinaldo, que nos depara el privilegio de percibir pura -libre de transmisiones- el alma del Islam en la custodia de otra lengua esplendorosa.Respecto a lo pretérito, se diría que Reinaldo Jiménez más que revivir los instantes pasados y resucitar la emoción, toma el recuerdo como tal recuerdo y, -en glosa de García Gómez-, opera sobre sueños, sombras, fantasmas, construye arabescos huidizos,...La idea directriz del arte musulmán, -afirma Massignon- no es idolatrar las imágenes, sino ir más allá, hacia Aquel que las hace moverse como en una linterna mágica, como en un teatro de sombras hacia el Único que permanece...:

El límite del tiempo

es este instante en el que todo y nada

cabe entre las manos.

Yo vi las aves emprender el vuelo...

(Ibn Arabí)

Soy consciente de que en este hermoso paso volador existe un irisado hilo de luz atemporal, al que nada le falta, nada le sobra, incluyendo las laúdes funerarias del Islam...

 

Domingo NICOLÁS

Valle de Pechina, 31-1-2001

 

Poemas del Libro

 

AL – MU´TAMID

 

Al paso volador de las perdices

al- Mu´tamid lloraba hace diez siglos:

 

Ojalá no probéis

la triste lejanía de los vuestros,

ni el corazón tengáis tan apenado,

ni los ojos llorosos por vuestros hijos idos.

No acabéis como yo.

 

Hace de esto diez siglos

con los pies engrillados.

 

Sólo describo – dijo – la humanidad de siempre.

 

Yo soy al- Mu´tamid.

Proteja siempre Dios a las perdices.

 

 

 

AL – MANISI

 

Celindos

Yerbaluisa

el pálpito

del aire

el remanso

del río

madreselvas

alondras

las fontanas

aljibes

la brisa

en los naranjos

el coro

de la tarde

 

Al – Manisi

cierra los ojos

 

mira.

 

 

 

ABU AHMAD BN. HAYYUN

 

Desterrarme del Sur

jamás podréis.

Aquí habrán de volver

mis ojos incendiados

cuando julio prepare las vides y el aliento

del verano campee en el henar.

A por mieses soleadas

he de volver un día

en que nadie me espere y el olvido

tenga ya preparada la hornacina

repleta con mi ausencia,

piedra tal vez,

prímula dadivosa,

yo sé que el Sur me aguarda.

 

 

 

ABU HAFS ´UMAR BN. ´UMAR

 

Aún siguen en pie los alminares

y el perdurable acanto ciñe las dovelas

y sobre el valle, como entonces, hay

una lumbre de miel en los manzanos.

Es esta la certeza de mi muerte,

la incólume belleza que persiste,

la última verdado la justicia última.

Sobre estos miradores asumo mi destino

para todos los siglos venideros.

Acaso el tiempo

desleído en los muros fraternales

no quiera concluirnos.

 

 

 

AL – SUSTARI

 

Crucé las alamedas en silencio.

Tras los campos lunares, tamarindos,

la espumosa espesura de cerezos

y la hoguera del sur sobre la tarde.

El almuecín llamaba en las mezquitas

y labriegos humildes regresaban

por las húmedas sendas a las cuevas.

Crucé las alamedas en silencio

y anticipé vedado mi regreso.

En el umbral del día fue quedando

mi soledad, mi ausencia

para siempre.

 

 

 

IBN SAHL

 

Bajo un púlpito rojo de granados

mi verde voz salada se deshace.

En el féretro efímero del agua

sombra o vestigio mi palabra dejo

y en el temblor del río, transparencia,

mi huella vaporosa, el humo sólo

consumado y exánime. Remoto,

un albor que me aguarda, otra ribera

y un designio celeste de cereales.

No me voy a morir, tan sólo empiezo

una existencia de agua. No lo olvides.

planta lilas de luz donde ahora lloras

y agita tu alegría entre la grama,

no es la yerbosa muerte quien me espera

sino la luz del mar. El oleaje.

 

 

 

IBN LUBBAL

 

He dejado mi voz en los olivos.

Como corceles mis palabras vuelan

por el alba nocturna de las hojas.

Después de todo se regresa a un tiempo

huero de himnos donde se descifra

el relámpago azul de la hermosura

o la oscura proclama de la muerte.

Dejadme aquí por siempre y a pesar

de los siglos, a solas y abolido

de mármol y cipreses . Y vosotros

sabed, los venideros, que en el sabio

olivaresta voz queda, ya último

y eterno veredicto.

 

 

 

AL-´ABBADIYYA

 

Quédate aquí conmigo, no te vayas,

que se rompan tus ojos en mi pecho

y abra tu luz heridas en mi carne.

Quédate aquí, al borde de mis ojos,

como si fueras lumbre desvelada.

No te vayas aún al-Mu´tadid.

Que se duerma la noche en las palmeras,

en la fiebre de agosto, en la apacible

lámina del estanque o en el hondo

rumor de las acequias. Pero tú

no te vayas,ya estoy acostumbrada

a tu desvelo,

a que tus ojos siempre me amanezcan.

 

 

 

AMAT AL-´AZIZ AS-SARIFA AL-HUSAYNIYYA

 

Sucede de improviso y nos amamos

bajo la luz de un día que ignorábamos nuestro,

y en el ámbito apenas anegado enlos ojos

alguien te habla y la dicha de un instante te envuelve.

Y te inunda la vida entre los arrayanes

y un tapiz de petunias luce para ti sólo.

Hay detrás de las cosas un latir renovado

al que no has de negarte. Y tus labios alumbran

palabras que creíste ya vedadas y ahora

son la sangre o el pulso de un momento que nunca

sabremos con certeza si habrá de repetirse.

 

 

 

HAMDA BINT ZIYAD

 

En esta tierra calcinada espero

- hace diez siglos ya -

las lluvias generosas y el frescor

de un río que nos brinde

una música helada

y una sombra extensa

donde posar la vida.

Diez siglos hace ya

por huellas desandadas

con una dócil voluntad de piedra,

y apenas el silencio

y sobre todo olvido.

Perdura en esta luz inhabitable

mi muerte milenaria y sucesiva.

Hace diez siglos ya

y todo es espejismo de la sombra.

 

 

 

HIND

 

Más allá del alféizar los lejanos vencejos

y una flama de jaras en los cerros reposa,

en el río los lirios altaneros y juncos

y en mis ojos humildes un incendio de avena.

 

Cerca de la ventana mi jardín, surtidores,

decidida querencia de frescor y de sombra,

un clamor de gladiolos al pie de los naranjos

y la verde conjura de las enredaderas.

 

Aquí dentro en la estancia una música escala

el velado perfil que delata las cosas

y es mi voz sobre todo un blancor o una bruma

que en el ámbito vierte su matiz de tristeza.

 

Pero yo sé que un día venidero, vencejos

guardarán el recuerdo de mi música sola,

o los lirios del río o la jara o los juncos,

o el frescor o la sombra cuando yo ya no sea.

 

 

 

HASSANA AT-TAMIMIYYA

 

Algún día habrá, padre, y un lugar, un espacio,

una orilla con sombra o una fértil pradera

donde posen las horas cautelosas la tarde.

Y a pesar de que todo decline sin remedio

y el mudable perfil de las cosas que amamos

conmovido parezca que sucumbe, habrá vida.

Tenderemos entonces las manos indolentes,

derogadas ahora de tristeza o de miedo,

hacia un ámbito nuevo de aladares y labios.

Algún día habrá, padre, no lejano el encuentro,

que acaricie la sierra una brisa de marzo.

Ese día con ella emprenderé el viaje.

Despedirse será comenzar un camino.


 
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